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La historia empezó como un pacto entre amigos para concretar un sueño común: armar un viñedo y una bodega en Mendoza para que cada uno fabrique su propia marca de vinos. Que el sueño demandara una inversión de 50 millones en un país sacudido por la crisis económica era un detalle menor: los siete amigos y socios son millonarios franceses, dueños de empresas como la fábrica de aviones Mirage o la banca Rotschild.
Tres años después del comienzo de este proyecto, y al filo del otoño del 2002 Catherine Péré Vergé, heredera de D'Arques, la principal cristalería del mundo, recorre los viñedos en jeans y zapatillas y participa en la primera vendimia del grupo "Clos de los Siete".
La idea original fue del enólogo Michel Rolland, quien conoció la Argentina hace 15 años. Enamorado de Mendoza, convenció a sus amigos para que invirtieran en Argentina. Hasta ahora, los 7 franceses pusieron en el país 25 millones de dólares: con los primeros 20 millones compraron 840 hectáreas de un terreno baldío en Tunuyán, 80 kilómetros al sur de la capital mendocina. Y ya transformaron 300 de esas hectáreas en viñedos. Con los 5 millones restantes, están construyendo la primera de las bodegas, desde la cual en el 2003 saldrán las primeras botellas de vino, con una única marca, "Lindaflor".
M ás adelante, cada socio sacará su propio vino.
La bodega, armada con tecnología y maquinarias francesas, tendrá capacidad para almacenar
y dejar a ñejar 5 millones de botellas. Y además incluirá un departamento para Catherine, que cambiará temporalmente su residencia en Bélgica por una suite con la exquisita vista de los viñedos que se recortan sobre la cordillera.
Entre los miembros del "Clos de los Siete", además de Michel Rolland y Catherine, se cuentan: Nadine Rotschild, integrante de una de las familias que dominó las finanzas europeas durante
buena parte del siglo pasado; Laurent D''Assault, de la fábrica de aviones Mirage; la familia
Daulan, ex propietarios de la champañera Pipper Heidsick, y la familia Cuvellier, también dueña
de bodegas en Francia.
En Argentina, las riendas del proyecto las lleva Philippe Schell, un francés nacido en Argelia,
que hace dos años se instaló en una casa construida para él a la entrada del viñedo. Vestido
con bombachas de gaucho y botas criollas, Philippe jura que cuando en diciembre pasado vio
las imágenes de los saqueos y el inexplicable —a los ojos de los europeos— cambio de cinco presidentes en dos semanas, no se arrepintió de haber anclado aquí. "Está claro que la nuestra
es una inversión a largo plazo, y no la encaramos como financistas, mirando solamente la ecuación inversión/ganancia. Yo soy residente, tengo DNI argentino y me da pena ver al país así, con todo
lo que tenemos".
La intención inicial de los europeos era producir para el mercado local, pero ahora, con la devaluación, la ecuación se les dio vuelta y planean destinar sólo el 20% al consumo interno y el resto exportarlo a Estados Unidos, Gran Bretaña, Chile, Francia y Suiza. Y aunque está claro que
se tratará de vinos premium, por ahora es imposible definir el precio. Habían pensado en lanzar
las botellas a 30 dólares, con una línea más económica de 6 dólares, pero con la devaluación "perdimos todos los precios de referencia para el mercado local", dice Schell. Y el costo del dólar
no es punto menor: importaron barricas de roble desde Francia a un costo de US$ 700 cada una. "Sólo esto tiene un impacto de 2 u$s en cada botella", resume Schell.
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Ver también: Los magnates franceses lanzan su vino elaborado en Mendoza |  |