Sugerencias sobre inversiones

Una opción de hierro: ¡perdurar o crecer!

Manuel C. Gómez de la Lastra

Otras notas

¿Qué son las SAFIS?

Fondos de inversión directa, una vía para canalizar los fondos del "corralito"

Estado y Fideicomiso

 

 

Los argentinos vienen perdurando, por no decir vegetando, desde hace ya algún tiempo, como fruto innegable de decisiones económicas y políticas que no se compadecen con las necesidades del país y de sus habitantes, las que reclaman un crecimiento económico y social sustentable para salir definitivamente de la pobreza y la desesperanza.

Esta suerte de “statu quo”, “veranito” o como quiera denominársele, tiene el inconveniente
grave de la “acumulación de presiones” que, necesariamente, se van produciendo a través
del “dejar para mañana, lo que tendríamos que resolver hoy”, comprendiendo ello tanto las grandes decisiones pendientes como las más pequeñas que van, desde la provisión de insumos para equipos médicos de distinta naturaleza o hasta, simplemente, los necesarios para los equipos de computación que se van deteriorando, segura pero inexorablemente, en los
distintos ámbitos del país, ya sean públicos o privados.

Tal situación requiere que se asuma que la famosa Ley de los Rendimientos Decrecientes
de David Ricardo, tiene tanta vigencia como la propia Ley de Gravedad y que cuando éstas
se cumplen, las consecuencias son inevitables y las más de las veces, desagradables.
Esto resulta así, dado que son fruto de las certezas matemáticas en que dichas leyes se fundamentan.

Para encarar un nuevo camino se puede recurrir al pensamiento de un eminente premio
Nóbel de economía como Paul Samuelson, quien sostiene que el crecimiento económico requiere, entre otras cosas, del aliento a la innovación, la educación empresarial y la
destreza gerencial, que se disponga en un país.

También cabe recordar a Richard Baldwin, quien sostiene que tanto políticos como
economistas deben abandonar toda solución escapista o irreal y encarar las duras
realidades del crecimiento.

Por su parte, Joseph Stigliz y Stéfano Zamagni, han recomendado a los argentinos
dedicarse a revitalizar la economía real, en la búsqueda de una mayor actividad
económica, competitividad e innovación, dejando de lado su clásica obsesión por los
aspectos meramente financieros.

A su vez, en un matutino se ha pregonado tanto la utilización del contrato de fideicomiso
para el desarrollo ganadero, de la manera que se lleva a cabo en Colombia - que puede
ser optimizada localmente -, como la seducción de los dineros que los argentinos guardan celosamente en “el colchón”, fuera del sistema financiero institucional.

El tema está vinculado con el diseño de un mecanismo que garantice, a quienes invirtiesen dichos recursos, la recuperación de los mismos en un lapso preestablecido y que el riesgo,
hoy en día ineludible por cierto, sea acotado y previsible, en función de un proyecto de
inversión ajustado a las reglas del arte en la materia.

Al respecto, cabe traer a colación los datos surgidos de un cónclave organizado por la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensión, donde se señalara que $1.600 millones provenientes de los fondos administrados podrían volcarse al financiamiento
de actividades de la economía real, como la exportación, construcción, agricultura, ganadería
y forestación.

Si bien esta es una loable intención, el éxito de esta reorientación de recursos dependerá
de la manera en que se inviertan y, especialmente, por lo avispado que sea quien tome la decisión en cada caso, tras la evaluación profesional que haga de cada proyecto de inversión
en actividades que requieren, cada una de ellas, la formación específica del “tomador
de decisiones”.

En ese orden de ideas, quienes sostenemos desde 1994 la necesidad de volcar un porcentaje
de los aportes jubilatorios a las actividades de la economía real, como parte de un menú equilibrado de inversiones, señalamos reiteradamente que la oportunidad que brindaban
los Fondos de Inversión Directa, previstos en el artículo 74 inc. ñ) de la Ley de Fondos de Pensión, era incomparable.

También hemos destacado la importancia, entre otras y a esos fines, de la actividad forestal,
que permite compatibilizar las inversiones actuales con las obligaciones a largo plazo de estos fondos, como ocurre en otras partes del mundo . Esto en función de un producto como la madera, cuyo valor se mide en monedas duras y cuya disponibilidad, por diversas razones,
se hace cada vez más difícil, dado lo creciente de su demanda.

No debe perderse de vista la importancia en el comercio internacional de los productos
forestales que, juntamente con el petróleo y los alimentos, conforman los tres mercados
de mayor significación mundial, superando los primeros los u$s100 mil millones, monto
un 25% mayor que la suma de los mercados globales de los lácteos, las carnes y los cereales.

Por otra parte, las inversiones genuinas en el sector permitirían llegar a las 360 mil hectáreas forestadas por año y generar 120mil empleos para el 2005, permitiendo así superar la superficie actualmente cubierta por masas boscosas, que solamente alcanza a un 16%
de la superficie total del país. Esto, frente a países como Japón donde las forestaciones
cubren el 60 % de su territorio de 369 mil km2 y Chile que, con 750 mil km2, cuentan
con 7,5 millones de hectáreas cubiertas con bosques productivos.

Lamentablemente hasta ahora, una visión limitada y quizás deslumbrada por variados espejismos, llevó a orientar preferentemente recursos hacia instrumentos puramente financieros, en desmedro del indispensable aporte de capital de riesgo para la producción
de activos reales, que hoy estarían generando, amén de una rentabilidad importante,
un sinnúmero de fuentes de trabajo y, en consecuencia, un significativo flujo de ingresos genuinos a las arcas fiscales.

La coyuntura que nos aflige exige una solución adecuada a la problemática planteada y
que los distintos actores, de tan sensible escenario, comprendan que la actividad productiva
no deviene de la noche a la mañana, requiriendo para ello del diseño de instrumentos no tradicionales, como vías idóneas para nuevos proyectos de inversión, ya sean éstos pequeños, medianos o grandes, con tasas de retorno atractivas y no meras rentas financieras, generalmente impagables, como ha quedado demostrado en nuestra historia más reciente,
por excelente que sea el emprendimiento productivo encarado.

Para ello, los Fondos de Pensión y los recursos “en el colchón” son una herramienta
estratégica. Estos últimos, especialmente, si se tiene en cuenta que, en la medida que
perduren inactivamente, nada aportarán al acervo particular de sus propietarios, ni al
de la economía real del país.

El concurso de ambos será, en las presentes circunstancias, la única manera de acceder
a un crecimiento sustentable, en beneficio tanto de quienes actualmente habitamos esta
bendita tierra - donde todo está aún por hacerse - como de las futuras generaciones que, necesariamente, nos sucederán.

Notas:
La Nación, 2da Secc., 24/10/2002
“La Inversión Fiduciaria de los Fondos de Pensión –Fondos de Inversión Directa- ”
Ad Hoc 1994.
Ley 25.080 y Art. 21, Decreto nº 133/99.
Gamble, Barry: “Growth Potential”, Revista Accountancy, Diciembre1993. “Forestación un potencial de crecimiento”, La Nación, 5ª. Secc., 23/9/1995 y La Nación 5ª Secc., 1/12/2001.


Fuente: Manuel C. Gómez de la Lastra. Abogado - Licenciado en Economía.